Es fácil perderse cuando no todo está claro en el camino, cuando las luces intermitentes atentan contra nuestra confianza y constancia. Cuando el futuro parece estar lleno de neblinas y no conoces el rumbo exacto de tu vida. Resulta cómodo rendirse cuando sientes que no hay un porqué o por quién luchar. Es sencillo entregarse a la suerte cuando crees distorsionado el propósito por el cual estás aquí.