La historia nos ha enseñado que cada vez que un régimen comunista alcanza el poder, la represión se convierte en su instrumento principal para consolidarse. La Revolución Rusa de 1917 trajo consigo la creación de los tristemente célebres gulags, campos de exterminio donde la Unión Soviética enviaba a intelectuales, opositores políticos y miembros de la monarquía a morir en condiciones infrahumanas.