He vuelto a casa después de mi habitual caminata matutina. Son las 9.37 h, es un lunes de enero por la mañana, y la temperatura es de unos 22 grados. Si es cierto que “un buen día se aprecia desde la mañana”, hoy va a ser un día fantástico...
Desde que vivo en Fuerteventura, a menudo me levanto y camino un poco antes de comenzar el día, en cuanto me despierto. Caminar me ayuda a encontrar nuevas ideas para los proyectos en los que estoy trabajando y a organizar las prioridades del día. Entro en casa y me siento mientras que Diego, mi gato, se extiende sobre mis brazos que buscan el teclado, esperando las caricias de la mañana. Enciendo el Mac y abro Pages para escribir otra página del libro cuando, de repente, un email atrae mi atención. “Vaya, aquí viene otro”, me digo desconsolado tras leer las primeras líneas del mensaje...