En nuestra vida pueden aparecer las dificultades, como la tempestad que sorprendió a los apóstoles en el Lago de Genesaret, y hacer que perdamos la paz. Pero si confiamos en Cristo, recobraremos la serenidad, que es consecuencia de esa confianza, y a su vez condición para apoyarnos en Él en los momentos difíciles.