Tu hogar necesita presencia emocional y no sólo física.
Porque la vida laboral o ministerial no puede devorar tu vida familiar.
Ningún éxito vale la pena, si el costo es un hogar destruído, con parejas frustradas o hijos resentidos porque nunca tuviste tiempo para ellos.
Si es así, habrás perdido el hogar en el proceso de construir una casa, que solo será un edificio vacío sin ellos. Por eso te invito a que le hagas un regalo a tu familia, y ese regalo es calidez en el hogar, sábados de risas y abrazos, almuerzos
y momentos con más tolerancia y menos discusiones.
Ese regalo no se compra en ninguna tienda, pero será el mejor legado y el más valioso que puedas heredarles.