11 El fariseo, de pie, oraba así: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, malvados y adúlteros, ni como ese cobrador de impuestos. 12 Yo ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano.” Lucas 18:11-12 DHH
Nuestra primera reacción a esta escena se puede ver. Sentimos indignación por la hipocresía del fariseo. ¿Cómo es posible qué un hombre sea tan ciego y orgulloso y que se haya atrevido a orar con tanta vanidad? Y estamos tan seguros de que nunca hemos realizado una oración tan grosera y cargada de orgullo como la del fariseo. Seguimos leyendo y nos encontramos con el contraste el cual esta muy marcado, vemos a un hombre reconociendo su pecado y sintiéndose no digno de dirigirse al Dios todopoderoso, no digno de estar ahí. Todos nosotros sabemos que esta es la actitud que agrada al Señor.
Pero… ¡ojo!, hay algo más en esta oración, el fariseo oraba así “te doy gracias porque no soy como los demás”, “Yo ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano”.
Nuestro corazón nos puede engañar constantemente y pensar que “lo bueno que no soy como…” y orar diciendo “doy gracias por que no soy como los demás”. Tengamos cuidado de que ya no sea el señor a quien oramos y que no es Jesus nuestro modelo, sino nosotros mismos y solo buscar ver el pacado de los demás para ocultar el nuestro.
Al final, cuando un corazón reconoce su condición espiritual delante del creador es este hombre o mujer quien sale justificado de ese tiempo con nuestro Dios (V14).