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¿a qué compararé esta generación?
Mateo 11.16
¿Qué es una generación? Una generación está constituida por un grupo de hombres y mujeres que coinciden en el tiempo y que, por lo tanto, comparten experiencias comunes. Cada generación tiene una misión. En los tiempos de Jesús, su generación no quisieron creer en Él, tuvieron el privilegio de poder ver su poder, su deidad pero decidieron rechazarlo.
Es triste, como en la actualidad, en esta era posmoderna, lo que ha ocurrido es que se ha aniquilado la verdad en nuestras vidas, le damos más valor a lo que sentimos, más valor a lo que me parece correcto, buscamos la satisfacción personal sin tan si quiera detenernos a pensar si lo que creo, o siento es real y digno de confianza. Esta generación se ha vuelto en una generación que escucha con sus ojos y piensa con sus sentimientos, hemos olvidado los absolutos, y nos estamos hundiendo en el relativismo sin sentido, donde ya no nos preocupamos por lo que corresponde a la realidad. Esta es una generación que desprecia la verdad, ya ni siquiera se da el beneficio de la duda que me lleva a la investigación, sino que cae en la incredulidad. En el fondo de esta actitud de rechazo a Dios, lo que no podemos encontrar es la falta de evidencia, o la falta de razonamiento, sino la supresión de la evidencia. En el núcleo que hace nacer esta actitud, encontramos el primero de todos los males, el orgullo. La verdad del evangelio de Cristo es para aquellos que se saben necesitados de él, no es para los que pretenden saber cuando en realidad no saben nada (1 Cor. 8:2). El mayor ejemplo de esto son los fariseos y los maestros de la ley, quienes contemplando los milagros de Jesús, siendo espectadores del testimonio de Cristo, le rechazaron totalmente y buscaron su muerte. En presencia de estos personajes, quienes no reconocieron que el camino de Dios era justo, Jesús hace la pregunta —¿con qué puedo comparar a la gente de esta generación? ¿A quién se parecen ellos? La dureza del corazón, que al estar en presencia de la verdad, deciden rechazarla, y su resultado es la negación de la vida que proviene de Dios, es el rechazo de la realidad para vivir en un mundo ilusorio, oscuro. Esta generación no sabe lo que quiere. Es lo que Jesús les estaba diciendo. Los judíos, como muchachos inmaduros que no saben lo que quieren, e inconformistas, no soportaron a Juan el Bautista, ni soportaron al Señor Jesús. Criticaron a Juan por unas razones, y a Jesús por las contrarias. A Juan porque apenas comía, a Jesús porque siempre estaba en banquetes. ¿Qué tipo de generación somos nosotros? Nosotros, los que vivimos en las postrimerías del siglo XX, y aun más, en las postrimerías de este milenio, ¿somos una generación que conoce al Señor, que conoce sus caminos y ha visto sus obras, o somos una generación contumaz y rebelde como la que el salmista describe en el salmo 68:8, "una generación que no dispuso su corazón, ni fue fiel para con Dios su Espíritu"? ¿Somos acaso una generación como la que se menciona en Isaías 57:4-5, una generación mentirosa que se enfervoriza con los ídolos debajo de todo árbol frondoso? O somos como la generación de nuestro Señor. Una generación indiferente que no se inmuta ante nada, cuyos sentidos están adormecidos y no se conmovería aunque alguno se levantase de los muertos para hablarle de parte de Dios.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga. Más ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.
Jesús no siempre responde, a veces en sus enseñanzas tan sólo deja la pregunta, esperando que los discípulos averigüen la respuesta. Pero aquí Jesús hace una pregunta "¿A qué compararé esta generación?" Y Jesús da la respuesta: "Es semejante a…"
¿A qué compararé esta generación?
"Jesús los está comparando a una generación indiferente"
A veces y en muchas ocasiones somos indiferentes a la demanda de Dios
A la presencia de Dios
A orar o no orar, cultos de oración, oración privada
A la necesidad de la iglesia, de mi hermano, de mi país.
A las reuniones estipuladas, a los horarios, a los hermanos que están orando mientras otros hablan y hablan.
A leer o no la Palabra de Dios
A como esta mi vida espiritual, etc…
No hay lugar aquí para los indiferentes.
Nosotros como creyentes tenemos el privilegio, el mandado y el poder de poder afectar a esta generación que está sumida en el pecado y el rechazo a Dios. Jesús nos mandó a ser sal y luz en esta tierra. Con el Evangelio sí podemos afectar a esta generación y a la próxima para que busque a Dios. Empezando con nuestra familia, ciudad, país y el mundo entero. Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí, Salmo 33.12.