Aceptándome a mí mismo
Puedo empezar a aceptarme reconociendo que mis actos son independientes de mi identidad como persona, puesto que hago miles de cosas: beneficiosas para mí y mi entorno familiar y de amistades, negativas para mi bienestar y felicidad y para otras personas, y muchas cosas rutinarias e intrascendentes. Entonces ya no tendría que invertir tanta energía en mí mismo y en mis pensamientos recurrentes sobre las equivocaciones del pasado, y podría dedicarme a mejorar mis relaciones sociales, superar mis complejos y empezar a vivir de forma eficiente.