Además de los ya existentes e irreconciliables bandos, esos sí binarios, por motivos políticos, religiosos, morales, deportivos, o de preferencias sexuales, climáticas o hasta gastronómicas; hoy agregamos también al campo de batalla la forma en que nos referimos a las personas, arrogándonos el derecho de denostar e insultar a quienes no piensan como nosotros.