Habitamos en una sociedad rica, saludable, razonablemente libre, educada y pacífica. Tenemos tiempo para hacernos veganos y pensar en nuestra huella de carbono. Sabemos que el ser humano más rico del planeta podrá disfrutar de todo lo que le venga en gana pero seguramente no vivirá diez o quince años más que cualquiera de nosotros. Las cosas marchan objetivamente bien si nos comparamos con cualquier otra generación. Pero, que contrariedad, estamos tristes.
Con el tiempo, hemos convertido la economía en un compendio de estadística y matemática. Hemos olvidado que nuestro origen fue una ciencia social, que trata de seres humanos, de familias, de empresas, de ciudades, de naciones; y aunque sea ciertamente importante una tasa de cambio o un ratio, elementos como la ilusión, los sueños, la confianza en el futuro, la alegría de vivir en definitiva, tienen una importancia mayor que cualquier ratio en un informe. Recuperar en nuestra sociedad, o mejor crear, nuevas ideas, nuevos retos ilusionantes resulta fundamental.