En España tenemos una demografía tendente al drama que hará muy difícil sostener nuestro sistema de provisión de servicios. Vamos a necesitar necesariamente la inmigración para rejuvenecer una población envejecida y con tendencia a hacerlo más en el futuro próximo.
Necesitaríamos crecer entre diez y quince millones en las próximas tres décadas. Habrá que hacerlo ciertamente con políticas de natalidad, pero también con una inmigración masiva y ordenada. Todo un desafío porque los actuales análisis apuntan en la dirección contraria: arribar al medio siglo con unos 45 millones si nada cambia y no aplicamos políticas activas.