Lo que cuenta para la sensación de bienestar de un individuo no es solo la renta del mismo en términos absolutos, sino en relación a la de los demás.
En la medida que dispongamos de una menor capacidad de percibir y analizar la realidad en toda su amplitud, en sus consecuencia, en sus interacciones, estaremos más a merced de percibir que nuestra renta desde una perspectiva relativa no es la adecuada, lo que nos puede llevar a consumir no lo que necesitamos o realmente nos hace felices, sino lo que nos digan otros, lo que se supone que tenemos que poseer.