Estamos inmersos en un mundo de expectativas, las generamos o nos las generan ¡Ahí están! Son parte de nuestra vida y convivimos con ellas todo el tiempo. Y aunque parecen inofensivas, muchas veces pueden llevarnos a la frustración y convertirse en una bomba emocional, sobre todo si no se sabe cómo lidiar con ellas. Tener expectativas para conseguir algo en concreto hará que nos pongamos en marcha para conseguirlo y mostremos más esfuerzo, persistencia y rendimiento. Pero cuando nos aferramos rígidamente a las expectativas, cuando son muy elevadas y sobre todo cuando no se cumplen, es muy fácil que nos lleven al malestar.