Dios toma muy en cuenta nuestras palabras y las promesas que hacemos con un corazón sinceró.
Saber que el camino por delante es de crecimiento, nos desafía. No sabemos si vamos a poder recorrerlo correctamente y notamos que es necesario mejorar para alcanzar los anhelos que Dios pone en nuestro corazón.
Nuestra plena esperanza en Dios nos otorga un pasado superado sin saldos pendientes; un presente con fortaleza, que cuenta con su aprobación; pero por sobre todo, un futuro glorioso donde ya no hay lamento, tropiezo, temor, tristeza; porque el vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Mirando hacia adelante, nuestra plenitud en Dios está cada vez más cerca.