Una correcta alimentación da como resultado un cuerpo que se desarrolla de forma sana y pregresiva para de esta manera tener la capacidad de realizar las tareas que crea necesarias en adelante. Lo mismo podemos aplicar a nuestra vida espiritual. Cuántas veces cuestionamos porque sucede alguna situación o porque se repiten las tendencias que dañan nuestra comunión con Dios.
Lo que nos importa se convierte en prioridad, por eso determinamos su progreso y de esta forma alcanzamos el impacto anhelado.