También Circe les había hecho otra advertencia:
—Ni se os ocurra tocar al ganado que vive en aquella isla, pues, en ese caso, habrá de llegar la más triste ruina a tu barco y a tus hombres.
Iban pasando tan cerca de la isla que Odiseo podía oír los mugidos de los bueyes y las vacas del Sol, y entonces el rey se acordó de la advertencia de Circe y les rogó a sus compañeros que pasaran de largo y ni siquiera desembarcaran, sino que continuaran remando.
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