No mucho después ocurrió que Dédalo enfureció al rey por algo que hizo. Si no hubiera sido por el hecho de que Minos quería que siguiera construyéndole cosas, lo habría sentenciado a muerte y sin duda se lo habría merecido.
—Hasta ahora —dijo el rey— te he honrado por tu habilidad y te he recompensado por tu labor. Pero ahora serás mi esclavo y me servirás sin paga ni palabras de alabanza.
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Fuente: «Mitos griegos», de James Baldwin, disponible en https://academialatin.com/cultura-griega/mitos-griegos-baldwin/