El “bastón de mando” entregado a Claudia Sheinbaum es un simbolismo sublime, sí, pero de niguna manera signifca la transferencia del poder pleno. La ex jefa de Gobierno podrá proponer pero no disponer; eso le toca a Andrés Manuel, en modo titiritero. Claudia necesita incondicionales para mantener todo guinda; al país y a la Ciudad de México; podrá “palomear” candidaturas siempre y cuando el mandamás de Palacio tenga la última palabra. La “jefa” tiene “jefe”. Es el caso del empujón de Claudia a Omar García Harfuch, una sorpresa que no sorprende, el ex jefe de la policía, a quien bajita la voz le dicen el Batman tragabalas, puede competir, sin embargo, aún no está precisamente claro el supremo aval de Palacio. Omar se sabe antipático entre los “duros” de Morena; no la tiene fácil y por eso, de momento, solo se suma discreto para lo que se ofrezca. La cautela de Omar obedece a su pasada colabración con su maestro Genaro García Luna, otro villano favorito de la 4T y a los señalamientos del fiscal Gertz Manero por su probable vínculo con la desaparición de los 43 normalistas de Atozinapa; Omar sigue en la línea de fuego; también sabe que Clara Brugada, Mario Delgado o Ricardo Monreal no están mancos, sordos ni ciegos.