¿Será que a Marcelo Ebrard una piedra en el camino le enseñó que su destino es rodar y rodar? Difícil ceer que Marcelo no se hubiera percatado que el proceso “corcholatero” de Morena venía con dados cargados a favor de Claudia Sheinbaum. Marcelo debió “bajarse” cuando podía hacerlo; cuando denunció trampas en apoyo a la favorita de Palacio, quien por cierto ya llevaba dos años, largos, de andar ese camino. Ahora, el futuro político de Marcelo, sin potencial electoral inmediato, resulta irrelevante. Fundar la Asociación Civil “El Camino de México”, como gérmen de un nuevo movimiento político dentro de Morena, resulta retórica ambigua. Es tarde para venderse como un candidato presidencial de oposición; nadie lo necesita, ni Movimiento Ciudadano, empecinado en ir con candidato propio: Samuel García, gober de Nuevo León, o de plano el dirigente máximo del partido naranja, Dante Delgado, si no hay de otra. ¿Entonces, qué sigue para Marcelo? Analistas le dan tres opciones: Uno, quedarse en Morena, en condiciones incómodas, apestado y acusado de intentar desbarrancar el proceso interno. Dos, apostar por Movimiento Ciudadano, donde si no cabe como candidato presidencial pueda quedar a la espera de futuros protagonismos. Y tres, que su agrupación derive en otro partido político, de oposición, en el futuro lejano. ¿Qué sería lo más digno para Marcelo?