Empezare hablando de lo mucho que tengo que decir y la imperiosa necesidad de que me escuchen, ya sin importar si en verdad hay alguien allá afuera dispuesto a permitir que mis palabras entren por su oídos, suena contradictorio, lo sé, aunque según las cifras somos más de siete mil millones de personas en el mundo, lo cual me da el indicio de que por mera estadística debe existir alguien que sí. Que sí quiera escucharme.