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En 1989, la FDA aprobaba UN FÁRMACO, el primer inhibidor de la bomba de protones (IBP). Que supuso una revolución en el tratamiento de la úlcera péptica y el reflujo gastroesofágico.

Lo curioso es que en sus inicios se consideró casi un “fármaco milagro” frente a las úlceras sangrantes, reduciendo hospitalizaciones y mortalidad. Hoy, sin embargo, su fama va por otros derroteros: ser “el protector gástrico universal”. ¿Es realmente así?