Jesús nos invita a una nueva conversión: amar más y mejor a Dios y, por Dios, a l@s demás.
Dios envió el diluvio para castigar a una humanidad pecadora: pero Dios no quiere que le tengamos miedo, sino que le amemos. Porque, respondiendo al amor de Dios, seremos felices y santos.
Por el Bautismo nos identificamos sacramentalmente con Cristo y nuestra tarea, con la Gracia, es identificarnos moralmente con Él.