Todos los santos son maravillosos, pero no hay un santo igual a otro: el Espíritu Santo no sé repite nunca, no sabe hacer "clones".
Pero en lo que sí se parecen los santos es en el amor a Dios y, por Dios, al prójimo.
San Josemaría se consideraba "un pecador que ama con locura a Jesucristo".
Y fue elegido por Dios para difundir el afán de santidad en medio del mundo.
La semilla del Bautismo, con el riego de la oración y de los Sacramentos, debe dar frutos de santidad.