Sin palabras me quedé cuando atravesé las puertas de la librería Horizonte y supe que mi falta de capacidad por no saber lengua de señas quizás iba a ser un problema. Hugo, el dueño de Horizonte, fue toda su vida sordo, pero esto no le impidió llevar adelante su negocio. Los libros son fuente poderosa de aprendizaje y esto nos los enseña Hugo