Beowulf dejó a sus compañeros en la roca que sobresalía sobre el mar, y solo se metió hasta que vio un gran arco de piedra. Desde debajo del arco, desde fuera de la colina, fluía una corriente de ardiente fuego. De esta forma el dragón protegía su guarida, pues era imposible cruzar aquella barrera indemne.
Así, al borde del ardiente río Beowulf se quedó de pie y gritó enfurecido. La voz del rey resonó como un grito de guerra por toda la caverna. El dragón lo oyó y se le renovó el odio a los hombres, pues el guardián del tesoro conocía bien el sonido de la voz mortal. En esta ocasión no hubo pausa antes del fragor de la batalla.
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📚 Fuente: https://humanistasenlared.com/libro/leyenda-beowulf-marshall-paco-alvarez/