Entonces se le llenó a Wiglaf el corazón de tristeza cuando vio a su querido rey echado en la tierra. También su mortal enemigo, el terrible dragón, yacía allí. Ya no volaría más en medio de la noche causando estragos ni protegería su tesoro. Beowulf lo había derrotado, pero su victoria le costó la muerte.
Con pena, Wiglaf se arrodilló junto a su señor. Le lavó la cara con agua, le llamaba para que despertara, pero en vano. Por mucho que quisiera, no podía llamar a su rey de vuelta a la tierra. Ninguna plegaria podía revertir el destino que el omnipotente había adjudicado.
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📚 Fuente: https://humanistasenlared.com/libro/leyenda-beowulf-marshall-paco-alvarez/