En cuanto Gessler desembarcó, hizo que le llevaran un caballo y, en silencio y enfurecido, con el corazón lleno de amargo odio contra Tell y todos los suizos, montó y cabalgó hacia el castillo de Küssnacht.
Pero Tell también tenía el corazón lleno de odio y furia. Por la mañana había sido un hombre amable y amante de la paz. Ahora todo había cambiado. La cruel burla de Gessler lo había endurecido y enfadado. No podía olvidar que podría haber matado a su propio hijo. Le parecía ver constantemente ante sí a Walter atado al árbol con la manzana en la cabeza. Tell decidió que Gessler no debía volver a hacer sufrir a nadie de aquella forma. Solo había una cosa que podía hacer: matar a Gessler.
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📚 Fuente: https://humanistasenlared.com/libro/leyenda-guillermo-tell-marshall-paco-alvarez/