El emperador Carlomagno estaba de buen humor, pues finalmente, tras tanta lucha, había tomado la ciudad de Cordres. Las murallas estaban arrasadas, y con sus tremendas máquinas de guerra había hecho pedazos las torres y torreones. Dentro de la ciudad, sus caballeros habían encontrado rico botín de oro y plata y piedras preciosas, armaduras labradas y regias armas: así fueron bien recompensados por los días de lucha y esfuerzo.
Pero sobre todo estaba Carlomagno contento de que no quedara ni un musulmán dentro de las murallas: a todo prisionero le dio la oportunidad de bautizarse.
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📚 Fuente: https://humanistasenlared.com/libro/leyenda-roncesvalles-marshall-paco-alvarez/