Al despertar del día, Roland miraba hacia la montaña y hacia la llanura. Por doquier los francos yacían muertos a su alrededor. Entonces, como un noble caballero, lloró por ellos.
—Señores y barones míos —suspiró—, que Dios se apiade de vosotros. Que vuestras almas alcancen el paraíso y descansen entre las flores sagradas por siempre. Jamás he visto mejores vasallos que vosotros. Me habéis servido bien durante muchos años. ¡Ay, tierra de Francia! ¡Ay, mi país amado! Hoy habréis de llorar por vuestros mejores barones. Y es por mí que han muerto. Óliver, mi hermano Óliver, vayamos de nuevo y ataquemos a los musulmanes. Si no me matan ellos, moriré yo de pena y vergüenza.
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📚 Fuente: https://humanistasenlared.com/libro/leyenda-roncesvalles-marshall-paco-alvarez/