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El rey Marsil huyó del campo de batalla y finalmente llegó a Zaragoza. Allí, a la sombra de un olivo junto a la entrada de su palacio, se bajó del caballo. Sus sirvientes lo rodearon con triste asombro al ver a su amo regresar en tan penosa circunstancia. Su espada rota, su yelmo hecho pedazos y la cota de malla se las entregó. Entonces se echó sobre la hierba, cubriéndose la cara.

Cuando la reina Bramimunda oyó que su señor había vuelto, fue corriendo ante él. Entonces, mientras escuchaba el penoso relato y cuando vio la muñeca destrozada tras cortarle la mano derecha, lloró y gimió con mucho ruido. Con terribles maldiciones maldijo a Carlomagno y a Francia, maldijo a sus propios dioses e ídolos. Entonces, echó abajo la estatua de Apolión, tras quitarle la corona y el cetro, y la pisoteaba mientras gritaba...

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📚 Fuente: https://humanistasenlared.com/libro/leyenda-roncesvalles-marshall-paco-alvarez/