Tener ganas de moverse, de sentir correr los pensamientos, el fluir de los acontecimientos. Tener el deseo de permanecer quieto mientras se corre, en el oxímoron de la naturaleza estática de la tierra, la rotación de la tierra. Tener el deseo de correr en el lugar, sin lugar, sin destino, con la mirada fija en un horizonte inaccesible. Tener el deseo de mirar más allá del horizonte para seguir a otro, a otro y a otro, sin esperar jamás el último. Querer estar, donde pasa, cuando pasa, sin rutina. Querer hábitos y rutinas en el fluir de lo inesperado, en la normalidad de lo impredecible. Querer que lo tomen desprevenido, sin estar preparado todos los días a tiempo. Estar organizado y tener ganas de desorganizarnos para buscar otro orden anómalo aquí, lógico allá, algo desconocido dónde sucede. Ser desordenado para dejar huella con las huellas más extrañas, insólitas, únicas, porque el desorden no puede ser copiado, emulado, repetido, ni siquiera por su creador. Estar fuera de casa, en la estepa o en el bosque, con mochila o con vehículo, solo o con alegría en compañía y en el proyecto, de vida, de lo que quieres, de lo que enseñas. Qué quieres, qué enseñas, qué deseas, qué alcanzas en el horizonte. Para mí ser nómada es así, significa estudiarse en oxímorones, paradojas, revelaciones y lugares que son todos suyos de la misma manera. Ser nómada no es tener un hogar sino estar en casa en todas partes. No tener un automóvil, pero poder estar exactamente donde quieras, cuando quieras y cuando no puedas, en el momento adecuado, encontrando la manera de todos modos. Saber resolver problemas es un requisito previo para permanecer allí, encontrar otros nuevos cuya solución desconoce es parte de los objetivos. Ser raro es parte del juego, a veces te gusta y otras no. El punto es que pase lo que pase siempre tienes el deseo de permanecer en un flujo de flujos incluso cuando sientes que no estás haciendo nada o que estás esperando y en una situación sin movimiento espacial físico. Pero la mente está ahí, en algún lugar buscando, sintiendo curiosidad, incluso en el lugar habitual.