Si fuese un matemático,
amaría la sinuosidad de tu espíritu.
La raíz cubica de tu ser,
el diámetro inmensurable de tus senos
y la tangente roja de tus labios.
Proyectaría tus pies al infinito,
buscaría el límite de tu vientre
y la integral de todo lo que en ti amo,
calculando tu espacio milímetro a milímetro
entre hipotenusas de triángulos rectángulos.
Si fuese un matemático,
alteraría con un factor indeterminado
la probabilidad que tú fueses siempre mía,
aproximándola al absoluto de la certidumbre
en un espacio de N dimensiones e infinitos besos desolados.
Y nos multiplicaríamos en abrazos al cuadrado,
con vectores de matrices imposibles,
donde el valor de cero es olvidado
y una serie de números irracionales
fraccionarían el orden en un absoluto y perfecto caos.