Un día de junio de 1940 Hitler fue a París, acompañado por los arquitectos Albert Speer y Hermann Giesler, el escultor oficial del régimen nazi Arno Breker, y una asamblea de oficiales de alto rango y guardaespaldas. Por primera y única vez en su vida, el líder de la Alemania nazi está visitando la Ciudad de la Luz, la capital que siempre ha soñado con descubrir. Contra todo pronóstico, no viene a desfilar ni a celebrar su victoria militar sobre Francia, sino a descubrir París en una gira relámpago de unas horas.