Pues después, el cazador se acercó a Ramiro y le disparó. Ramiro cayó al suelo sin vida. Claudia se sintió aliviada y agradecida. Usó su pico para cortar la cuerda que la ataba y se liberó. Luego voló hacia el lago y se reunió con sus amigas las otras grullas. Les contó lo que le había pasado y les advirtió del peligro de los lobos y de los cazadores. Las grullas le dieron las gracias y le dijeron que era muy valiente y muy inteligente. Claudia se sintió feliz y orgullosa. Y así termina el cuento. JOSÉ PARDAL