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Description

En un tranquilo rincón de un antiguo campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial, yacía el cadáver de un valiente soldado. La tierra estaba cubierta de escombros y vestigios de la cruenta batalla que había tenido lugar allí años atrás. Pero en medio de todo ese caos, un grupo de moscas zumbaba alrededor del cuerpo inerte del soldado. A medida que el sol descendía lentamente en el horizonte, las moscas, cada una con su propia historia y experiencia, se posaron sobre el cadáver. Estas pequeñas criaturas, que habían sobrevivido a la guerra y a la muerte, comenzaron a entablar una conversación inusual entre ellas. La mosca más anciana, con sus alas marchitas y su cuerpo cubierto de cicatrices, tomó la palabra. "Hermanas", dijo con voz suave pero llena de sabiduría, "hemos presenciado el horror y la devastación de esta guerra. Hemos visto la muerte de cerca, pero hoy estamos aquí, rodeando a este soldado caído". Otra mosca, que había perdido una pata en una explosión, asintió con tristeza. "Es cierto, hemos estado en los campos de batalla, hemos visto la destrucción y la desesperación. Pero este soldado merece nuestro respeto y nuestra gratitud. Él luchó valientemente por algo en lo que creía". Mientras las moscas continuaban su conversación, cada una compartía su propia perspectiva de la guerra. Algunas habían estado en las trincheras, soportando las explosiones y el humo acre de los disparos. Otras habían volado sobre ciudades devastadas, observando el sufrimiento de los civiles atrapados en medio del conflicto. Cada una tenía una historia única que contar. De repente, una joven mosca, apenas salida de su etapa de larva, se unió a la conversación. "¿Por qué estamos aquí? ¿Qué sentido tiene observar a este soldado muerto?". Las demás moscas la miraron con ternura y paciencia, sabiendo que era su deber transmitir su sabiduría a las nuevas generaciones. La mosca anciana respondió con serenidad: "Estamos aquí para recordar que, en medio del horror de la guerra, también hay valentía, sacrificio y humanidad. Este soldado, a pesar de todo, representó la esperanza de un mundo mejor. Y aunque pueda parecer que su historia se ha perdido en el tiempo, nosotros, las moscas, somos los testigos silenciosos de su existencia y su legado". Las moscas continuaron su conversación durante horas, compartiendo historias y reflexiones sobre la guerra y la fragilidad de la vida. A medida que el cielo se oscurecía y las estrellas comenzaban a brillar, las moscas se dispersaron, cada una volando en una dirección diferente. Con el tiempo, el cadáver del soldado fue cubierto por la tierra y el campo de batalla recuperó cierta tranquilidad. Pero las moscas nunca olvidaron aquella conversación y el impacto que tuvo en ellas. A partir de ese día, cada vez que se encontraban con otros cadáveres en los campos de batalla, recordaban su diálogo y se detenían un momento para rendir homenaje a aquellos que habían perdido la vida en la guerra. La historia de aquella gran conversación entre las moscas y el cadáver del soldado se convirtió en una leyenda que se transmitió de generación en generación. Y aunque el tiempo pasó y la guerra quedó atrás, las moscas nunca dejaron de recordar la importancia de la paz, la valentía y el respeto por aquellos que perdieron la vida en tiempos de conflicto. Así, en los lugares más inhóspitos y olvidados de la historia, las moscas continuaron siendo testigos silenciosos y portadores de la memoria de aquellos que nunca deben ser olvidados. Autor José Pardal