La poesía puede jugar con el lenguaje para decir duras verdades. Así procede Sor Juana Inés de la Cruz para indicarle a un pretendiente hasta qué punto ha sido ignorado por ella, que ni olvidar puede lo que de él nunca ha recordado. No solo tiene gracia su desdén, sino la forma del poema en el que la autora hace gala de una gran maestría en el juego de componer una instantánea estructura de palabras adobada con sorpresas y malabares.
Sor Juana Inés de la Cruz nació en San Miguel Nepantla, México, en 1648, y muere en Ciudad de México en 1695.