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Description

No se si fue el humo que densaba mi mente o el influjo ardiente de besos etílicos que sedaba mi paladar, quizás, una mezcla de encuentros triviales que perpetuaban ese húmedo deseo.

Sin duda fue la avaricia por tu piel y la palidez de la luna que acariciaban nuestros cuerpos desnudos por los que no cesaban de estremecerse en cada sorbo de lujuria que nos abocaba cada vez más al orgasmo, lamiendo el paraíso, cabalgando a lomos del ocaso. Estrellando a rienda suelta cada segundo sobre la orilla de tu regazo.

Ojos rasgados por el placer acumulado que en la danza del amor someto entre tus piernas, vestidas con medias negras a juego con el azabache de tu fruto carnoso, fruto que devoro muy lento, haciendo estremecer al cielo, que se funde con el infierno en un apocalipsis de fluidos y un aroma de incienso tibio y sexo sediento.

Noche morena, noche eterna, divaga al antaño de manifiestos etéreos y mundanos contratos terrenales, cuando el blanco degrada en dolor, y el vino, cambió de dulce a un púrpura y amargo sabor.

Enjuguemos las penas con delirios de amor, mi pecho contra tu pecho, sudores de lava hirviendo que avivan tus entrañas, inmersos en nuestro lecho que nos acoge en esta noche y nos libra del alba.

Y al derramarse la copa en tu cáliz divino, haremos el amor bajo las sábanas del destino, y entre dos aguas apagaremos la voz, para resurgir como el fénix y repetir juntos, cada palmo, cada surco del camino.
Que nuestro sueño se convierta en canción y que tú, la cantes conmigo.