En un pequeño pueblo rodeado de montañas, vivía una joven llamada Eva. Desde pequeña, Eva había sentido una conexión especial con la naturaleza. Las hojas que caían, el sonido del viento y el murmullo de los ríos siempre la calmaban y le susurraban secretos. A pesar de su amor por el mundo natural, Eva sentía que algo le faltaba. A veces, se quedaba mirando al horizonte, como si buscara algo que no lograba encontrar.