Un día, mientras se estiraba para alcanzar la luz, Aurora notó una sombra que se proyectaba sobre ella. Alzó su cabeza y vio a un joven girasol llamado Sol, que había sido plantado cerca de ella ese mismo verano. Sol era alto y radiante, su tallo erguido hacia el cielo como si fuera una extensión del sol mismo, y sus grandes pétalos amarillos se movían al ritmo del viento.