En este episodio vemos a un hombre aterrado por el inminente encuentro con su hermano Esaú. Su respuesta inicial es la maquinación: divide sus posesiones y envía regalos, mezclando oración con estrategia humana. Esa noche, solo junto al río Jaboc, un hombre lucha con él hasta el amanecer. Cuando Jacob es debilitado con un toque en la cadera, su lucha se transforma en un aferrarse desesperado, pronunciando las palabras del versículo: No te soltaré si no me bendices. Esta confrontación con Dios marca un punto de quiebre: Jacob el suplantador se convierte en Israel, aprendiendo que la verdadera fuerza nace de la dependencia y que la bendición llega cuando soltamos el control para aferrarnos a Él. Este devocional es una producción de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.