En nosotros mismos no hay fuerzas para luchar contra las pasiones mundanas, contra los deseos de la carne, contra los deseos de los ojos y contra la vanagloria de la vida. Son más fuertes que nosotros y las palabras bonitas no tienen poder para liberarnos de estas pasiones. Solo la palabra de Dios es capaz de llevar al hombre a ser participante de la naturaleza divina. Amén