Dios y Yo San Mateo 25:31-32 "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos." Hablar de juicio es hablar de conocer los hechos, y que cada uno reciba su recompensa o su castigo. Esto es precisamente lo que Dios hará con las naciones y sus habitantes. Cuando hablamos del juicio de Dios, hablamos de un evento real y futuro, que sucederá nos guste o no. Es un juicio inevitable. La Palabra hoy nos habla específicamente del juicio de las naciones, refiriéndose a un momento crucial en la historia, cuando Dios descenderá con poder y se sentará en su trono de gloria para juzgar a todos según sus obras. A los justos les dará recompensa, y a los impíos su castigo. Ese es el juicio de Dios del que hoy hablamos. La gran pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo saldríamos librados si el juicio de Dios fuera hoy? Esta pregunta merece una respuesta sincera, de cada uno de nosotros, amados hermanos y amigos. Este juicio no es para un grupo específico: Dios juzgará a todos. La Palabra es clara al decir que al final solo habrá dos grupos: los que recibirán recompensa por su buen actuar, y los que recibirán castigo por su mal proceder. Usted debe examinar con seriedad en qué grupo se encuentra. ¿Está entre los que recibirán recompensa o entre los que enfrentarán el castigo eterno? De algo sí podemos estar seguros: todos compareceremos ante el juicio de Dios. Existen diversas opiniones sobre este juicio en particular que menciona el escritor bíblico en este pasaje, pero más allá del lugar, la ocasión o los detalles, lo verdaderamente relevante es el espíritu del mensaje: Dios nos juzgará a todos. Por eso, vuelvo a preguntarle: si hoy mismo tuviera que comparecer ante el gran Juez, ¿cómo saldría usted de ese juicio? Le tengo una buena noticia: todavía estamos a tiempo de cambiar el veredicto, porque aún tenemos vida. Podemos cambiar nuestro actuar y prepararnos para ese día. Podemos comenzar hoy confesando nuestros pecados delante de Dios. La Biblia dice que si confesamos nuestros pecados, Jesucristo es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. A partir de ahí, comencemos a vivir una vida que sea digna de recompensa y no de castigo. Porque, sin duda, un día enfrentaremos la realidad del juicio de Dios. Que Dios les bendiga, amados hermanos. Pastores Marroquín